En muchas instituciones de salud, cuando se menciona la palabra habilitación, casi de inmediato todas las miradas se dirigen hacia el área de calidad. Es una reacción tan común que pareciera existir un acuerdo tácito: si algo relacionado con la habilitación no funciona, el responsable es el coordinador de calidad. Pero, ¿realmente es así?
La calidad puede liderar el proceso, coordinar actividades y hacer seguimiento al cumplimiento de los estándares, pero difícilmente puede garantizar por sí sola que una institución cumpla con las condiciones de habilitación. Pensar lo contrario es desconocer cómo funciona una organización de salud.
La habilitación atraviesa prácticamente todos los procesos de una institución. Depende de decisiones gerenciales, de la gestión del talento humano, del mantenimiento de la infraestructura, de la disponibilidad de equipos, de la actualización de la documentación, del adecuado diligenciamiento de las historias clínicas y, sobre todo, del trabajo diario de quienes atienden a los pacientes.
Cuando la responsabilidad recae únicamente sobre un área, es frecuente que aparezcan situaciones como estas:
- La calidad “persigue” a las demás áreas para solicitar documentos.
- Las capacitaciones solo se realizan cuando se aproxima una visita.
- Los estándares se convierten en listas de chequeo y no en prácticas cotidianas.
- El conocimiento de la norma queda concentrado en una o dos personas.
El resultado suele ser una organización que responde cuando hay una auditoría, pero que tiene dificultades para mantener una cultura de mejora continua.
Quizá ha llegado el momento de cambiar la conversación. En lugar de preguntarnos “¿cómo va la habilitación?”, deberíamos preguntarnos “¿qué está haciendo cada área para contribuir a ella?”.
La verdadera fortaleza de una institución no está en tener un excelente coordinador de calidad, sino en contar con equipos que entienden que la calidad y la habilitación hacen parte de su trabajo diario, independientemente del cargo que ocupen.
En Talento Vital creemos que ese cambio comienza con el conocimiento. Cuando la norma deja de ser un asunto exclusivo del área de calidad y se convierte en un lenguaje común para directivos, profesionales asistenciales y personal administrativo, la habilitación deja de ser una carga para convertirse en una forma natural de trabajar.
Porque la calidad no pertenece a un departamento. Pertenece a toda la organización.
